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DEL OTRO LADO DEL MURO

DEL OTRO LADO DEL MURO

CERO NO ES UNA OPCIÓN…

 

Ana Reed *
@anaisreed

 

“Cero no es una opción”. Es la política de una de las escuelas en donde trabajé, y muchas escuelas en los Estados Unidos tiene algo parecido. El objetivo es dar a los estudiantes la oportunidad de pasar las materias y aprobar el año escolar.

 

De este lado del muro, los estudiantes escogen las materias que son de su interés y hay materias de tronco común que son necesarias para graduarse, las cuales se cuentan por créditos. Los estudiantes tienen un número determinado de créditos de materias obligatorias; como ciencias, matemáticas, inglés, etcétera. Y otro número determinado de créditos de materias opcionales, como arte, música, idiomas.

 

En años recientes las escuelas -me parece- han puesto la mayoría del peso en la responsabilidad de aprender en los maestros, evitando que los estudiantes sufran las consecuencias de no estudiar.

 

Vemos de los dos lados del muro, que los estándares han bajado y ahora hay que ofrecer no una, ni dos oportunidades, sino la opción que de una u otra manera el estudiante pase a como de lugar.

 

Muchos maestros ahora ofrecen dar el examen otra vez si el estudiante reprobó, no quitan puntos por tareas tarde, dejan a los alumnos corregir la tarea sin quitar puntos y dar proyectos o tareas extras al final de los periodos de evaluación entre otros: pero cuando -en mi caso- les ofrezco a los estudiantes venir antes de los exámenes a tutoría, no pueden porque tienen prácticas deportivas en la mayoría de los casos. En realidad, no importa el por qué, sino la prioridad que le dan a otro tipo de actividades que a las académicas.

 

Siempre pienso en lo estrictos que fueron los maestros de mis tiempos, (si, ya llovió) pero sobre todo en la importancia que mis padres le dieron a la educación. Ahora, los padres tienen todo tipo de pretextos y muchos directores de escuelas y maestros no se quieren “echar esa bronca”, tanto que prefieren regalar la calificación.

 

Yo tengo padres de familia que me han dicho de todo, desde que soy mala maestra hasta que me van a correr, y desgraciadamente para ellos, soy una maestra de las antigüitas, con expectativas y estándares normales, que ahora se categorizarían como muy estrictos.

 

Mi expectativa es que mis estudiantes, vengan a la clase, pongan atención, hagan su tarea y demuestren dentro de la clase y en sus exámenes que saben todas y cada una de las palabras y los conceptos de gramática que les enseñé. Y si no es mucho pedir, que además utilicen las prácticas para estudiar en casa, que proveo en las diferentes plataformas digitales, con eso que ya somos maestros del siglo 21.

 

Tengo que decir que no es una generalidad, tengo estudiantes que se esfuerzan mucho, padres que apoyan a los maestros, y hay escuelas que tienen políticas más estrictas y más reales en la preparación de estudiantes a la vida real, ya sea para un trabajo después de graduarse o para ir a la universidad.

 

Por ejemplo, la escuela en donde trabajé en Monroeville, Ohio; la política es que si el estudiante entrega tarde la tarea le quitan 15, 30 o 50 por ciento respectivamente y solo tiene tres días para entregar la tarea antes de tener cero. Aquí la responsabilidad esta puesta en el estudiante y no en el maestro.

 

Creo que el error no está en etiquetar a los estudiantes de flojos o irresponsables, después de todo, los que moldeamos su carácter y su ética de trabajo somos los adultos, ellos solo responden a lo se les pide hacer.

 

Si como maestros bajamos las expectativas para que se vea que somos buenos porque no reprueban los estudiantes, o si los padres no quieren batallar y dejar a los niños hacer lo que ellos quieren, entonces si que les estamos heredando un problema.

 

¿Quién dijo que las cosas que valen la pena son fáciles, que la gratificación es instantánea y que el esfuerzo no se requiere para el éxito? Al parecer ese es el mensaje que escuchan los jóvenes, creo que de los dos lados del muro.

 

 

*.- Originaria de Ciudad Valles, SLP, licenciada en Ciencias de la Comunicación (UAT) con maestría en Educación (University of Findlay). Actualmente reside en Warrensburg Missouri y trabaja como maestra de español en Warrensburg High School.

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